Lo primero que vi fue un paisaje… para ser honestos, era sospechosamente parecido al fondo de pantalla por defecto de windows xp, pero no viene al caso… lo segundo que vi fueron un montón de nombres que pastaban como ovejas encima de ese prado, y, al lado mío, un montón de tablas de color blanco, más algunos clavos (martillo no había; los hombres clavamos los clavos a mano limpia)…así que, ya puestos, y a falta de un mejor panorama, me puse a hacer una verja.
… y, mientras trabajaba, noté algo: Las ovejas eran palabras… palabras conocidas… palabras que, invariablemente, correspondían al nombre de alguna serie de anime.
Es más, me puse a pensar mientras construía que sería bueno ir ordenando las series a un lado y al otro de la verja de alguna forma. Y como siempre he sido un tipo que busca trabajar lo menos posible me decidí a agarrar a peñascazos las palabras para que fueran tomando cada una el lugar que quisiera (al lado mío había aparecido un montón de piedras, no es que yo siempre ande con unas pocas en la mochila en caso de protesta, lo juro por Tezuka). Lo lindo del asunto es que, después de mirar mi obra (la verja y las palabras apedreadas), me di cuenta que sí había un discriminante… un “algo” imposible metido en esa función. Mismo que bauticé con el nombre de “más o menos por allá por el año 2000″; y, como en el caso de los demonios de la edad media, el ponerle nombre a ese “algo” me permitió confirmar su identidad y asignarle algunas características.
Y, para ir un paso más allá (y también por tratar de ponerle un apellido a aquel “algo”, ya que me gustan las familias bien constituidas), me dediqué a contar ese anime a cada lado de esa verja… y el resultado me dejó un tanto sorprendido: A un lado, una miríada de obras; al otro, había menos series que los amigos de Exelius… y mientras contaba, veía como ese “algo”, antes idea y ahora un ente, se movía detrás de los nombres de series ilustres, como tratando de esconderse para no ser evidente…
Demasiado tarde: Ya lo había visto, así que saqué mi escopeta calibre 12 y le metí un par de cartuchos entre ceja y ceja; a mi nadie se me esconde, y menos un “algo” tan horrible como ese…
… Porque, una vez que ves ese algo a la cara, te das cuenta que es como ese mojón monumental que dejas en el baño de la casa de tu polola… gigante, horrible y horroso, pero por más que lo intentes el malnacido no desaparece de tu vista; queda ahí, atravesado, siendo la evidencia de un crimen que no tuviste otra alternativa más que cometer…
Porque ese algo es producto nuestro… algunos podemos verlo, otros no… algunos hemos visto su rostro y le hemos oído murmurar en la oscuridad nombres pretéritos, pero que provocan una sonrisa casi sádica y que trae recuerdos a nuestra mente… escenas que creímos olvidadas, pero que estaban allí, latentes, esperando que ese maldito “algo” las trajera de vuelta…
Nada quedaba por hacer más que pasar al maldito algo por la morgue para que identificaran el cadáver… allí un individuo oscuro, de aspecto roñoso, sin vida y con cara de no haberse peleado a combos comohombreh en su perra vida (creo que era Makaka, pero no estoy seguro, no lo vi bien) puso por fin una etiqueta al cadáver.
Decía: Arte.
Fue ahí cuando, con un efecto de acercamiento de cámara dramático y violento (que casi me quiebra un par de dientes… menos mal que mis tiradas de esquiva a veces resultan buenas), me di cuenta que mi dislexia nocturna había cambiado el nombre y la data de muerte de ese “algo”…
Desperté de mi sueño, y como era una de esas horas impías que no son ni tarde ni temprano (y hacía mucho frío como para estirar la mano y prender el tarro), me puse a pensar que profundo significado profético tendría tal historia. Y entre pensando y haciendo memoria, me dí cuenta que cada vez estoy más exquisito con el anime que me decido a seguir cada temporada. Al principio pensé que era que estaba (por fin), creciendo… después me di cuenta que sigo haciendo (y disfrutando de) las pelotudeces de siempre, así que por fuerza no he crecido, hecho que en sí es algo maravilloso que da para crónicas completas, pero como esto no se trata de hablar de mí, volvamos al tema.
Hace uno que otro añito (hueveo aparte, son más de 20), cuando recién comenzaba mi vida como Otaku (aunque era tan púber que en esa época no había otro apelativo aparte de “cagao de la caeza” para referirse a quien le gustaban los “monos chinos”), recuerdo haber pasado horas de horas pegado al televisor esperando la ración diaria de dolor, emoción, sufrimiento y delirio que provocaban en mí series tan disímiles como Remi y Cobra.
No lo niego, la nostalgia juega un papel importante a la hora de construir tu ranking personal de “series que todo el mundo debiera ver o arrancarse los ojos”, pero, ¿saben?, hace unos días me pegué un pequeño maratón privado de esas series de antaño (y algunas no tan viejas, pero que sin duda no son del gusto colectivo actual) y resulta que las disfruté más aún que cuando las ví por primera vez; principalmente porque, con la capacidad de entendimiento que dan los años, disfruté y percibí detalles que había pasado por alto las ocasiones anteriores, y me dí cuenta que esas series añejas son superiores largamente a la gran mayoría de la producción de anime generada actualmente. Es más, me atrevo a declararlo como una verdad absoluta simplemente porque existen dos fenómenos que hacen de la producción de anime basura una necesidad para la industria, si es que quiere sobrevivir.
Primero: cada vez los temas a tratar como arcos argumentales evidentes se van reduciendo y volviendo (necesariamente y con el fin de no caer en la repetición obvia) cada vez más específicos. Hemos pasado desde un “este anime trata de samurais protegiendo al hijo oculto del emperador” a un “este anime trata de un samurai (símbolo de la soledad intrínseca del ser humano) con una pierna robótica (símbolo de la descarnada deshumanización del mundo) en su lucha (símbolo del nazismo) para levantarse de la cama (símbolo de que es un pajero) y salir a tomar agüita afuera (una metáfora del dinero), porque hace mucho calor (la opresión del sistema)”… Lamentablemente esto conlleva tales limitantes a la hora de intentar hilvanar una trama que no queda más alternativa que recurrir a argumentos aún más bizarros y/o limitados para generar una serie relativamente entretenida. Y al final esto redunda en que los mercados objetivos para determinada nueva producción son nichos cada vez más acotados, a tal punto que la realización misma de la obra corre peligro por carecer de una base de consumidores lo suficientemente amplia como para producir ganancias.
Segundo: La inteligencia en el mundo permanece constante, pero la población aumenta… ¿no fuí suficientemente claro?; ok, lo diré de otra forma: el público masivo consumidor de Anime (y la masa muerta mundial en general) es cada vez más idiota. Lapsos de atención menores a 3 minutos dejaron de ser la excepción y se han vuelto la norma, trastocando cualquier proceso de pensamiento en un arte que pocos pueden exhibir y volviendo cualquier interpretación o expresión de una opinión propia un fenómeno tan común como yo diciendo “basta, no mas anime” (pasa, pero muy rara vez).
Uniendo estos dos fenómenos, tenemos un panorama que me hace retomar la idea que el anime de antaño es superior: Cuando creas una historia y tu preocupación principal no es darle en el gusto a una tropa de gente incapaz de pensar por si misma… mejor aún, cuando tu público no son clientes, sino espectadores (de el verbo “gente con espectativas”), es cuando una obra gráfica se convierte en arte.
Obras maestras de la categoría de Honneamise no Tsubasa, o series inteligentemente construidas como Ranma½ o Rurouni Kenshin eran prácticamente una exigencia para la generación anterior de Otakus; y lo mejor de todo era que la sinergia entre manga y anime era notablemente superior, brindando al público obras tan ricamente adaptadas que las diferencias de plataforma rara vez entorpecían el disfrute del producto final. Eso pasaba con mucha frecuencia hasta hace unos 10 años, pero hoy en día ese resultado es raro, no porque no existan guiones de calidad (por ejemplo, Berserk, a pesar de los años -y de los continuos desvaríos de su autor- es una obra tan intensa que me resulta aberrante no contar con una versión animada a la altura de este manga), sino simplemente porque es imposible sumergir a una cantidad suficiente de espectadores en una trama con más de medio hilo argumental, únicamente porque se han vuelto mentalmente incapaces de desarrollar procesos interpretativos en su limitada mente y se conforman con ser incapaces de dejar volar su imaginación.
Respecto a esto último, hay un hecho que no hace más que colaborar en la involución del anime a cotas de calidad cada vez más bajas: La intrusión en los nichos de anime clásico de fenómenos como el Moe, el Loli, el Harem o el Tsundere (fenómenos que hasta son agradables en su propio contexto), generando obras del tipo “Una space ópera de magical girls meganekko-nekomimi con poderes psiónicos que intentan salvar el futuro mediante la optimización del software de fabricación de pantaletas” y que los “anime otaku-sama” encuentran “maravillosas por ser únicas…… sólo a un genio se le ocurriría tal mezcla!!!!!!!”, pero que, a quienes nos interesa explorar el anime como un arte audiovisual, no hacen más que darnos ganas de pegarnos un tiro y buscar otro pasatiempo.
Dicho todo esto, el panorama puede parecer desolador; sin embargo (y afortunadamente), también hay gente inteligente entre quienes crean guiones y producen anime bajo el contexto de “bajo presupuesto y harto cg”, pero agregando además una buena historia. Animes tan extraños y a la vez tan similares entre sí como Tytania y One Outs comienzan paulatinamente a ser cada vez menos escasas y, lenta y silenciosamente, empleando el mismo modelo de negocios usado para construir gran parte del anime popular producido en los últimos años, sientan las bases de lo que, espero, se convierta en una nueva oleada de series que me hagan decir “WHUUUUUAAAAA!!!!, ANIME!!!!!!!!!!”.







Es bueno filosofar de vez en cuando, ya que así te conoces mejor a tí mismo (y de paso pones a pensar a los que se tomaron el tiempo de leer semejante post xD).
Saludos