Reflexiones. Volúmen I

No se si les ha pasado, pero hay días en que uno despierta positivamente aburrido. Alguno me dirá que eso no es extraño, pero, piénsenlo con lógica: el día acaba de empezar (recién abres tus ojos) y ya estás aburrido… en mi diccionario eso no tiene razón de ser, pero, lamentablemente, es.

Después de pensarlo unos segundos me dí cuenta que eso suele ser culpa del subconsciente: sin quererlo uno aquel ser interior que a veces te avisa con un oportuno “¡idiota!, ¡no le silbes!, ¡estoy seguro que tiene una cara horrible a pesar de tener tan linda retaguardia!” se ha puesto a hacer su trabajo minutos antes de despertar y ya te tiene mentalizado con un “hoy es un día de hacer nada: no hay trabajo pendiente, ni estudio, ni citas… hasta al dentista fuiste la semana pasada”; o sea, la perspectiva para el día es dedicarse a practicar algún arte que implique tu crecimiento como persona… el “redondeo del moco más grande” o “wiiiiiii!!!!!, obtuve una pelusa de ombligo ploma hoy!!!” se convierten en sesudos panoramas que pasan a ser el núcleo del día; y no todos poseen el expertizaje necesario en las artes de lo que algunos llaman “la contemplación de la existencia”, y que otros, más aterrizados pero no por ello menos cultos, llamamos “elongación escrotal”.

En fin, aceptémoslo: Para días como esos es que se inventaron todos los vicios asociados al ocio. Para algunos la respuesta será la de Victor Jara (eso de ir a “hacerse un cigarrito”), para otros será “la tele”, “mesene”, “feisbuc”, “fotoló” o cualquier sucedáneo de entretención ofrecido al alcance de nuestros dedos… para el resto de nosotros (y esto es lo que de veras importa) la solución es sencilla y tiene nombre: Anime.

Y no quiero aburrirlos con listas de recomendaciones, opiniones, análisis y destripe de series, copuchas, fotos, videos, descargas directas, tutoriales de como ser otaku en 5 sencillos pasos ni nada por el estilo (no creo que los necesiten… y si necesitan, pos aplíquense con google y déjense de andar preguntando pelotudeces); simplemente es que, llegando a este punto, vino a mi mente una idea/iluminación/verdad trascendental/42/luke-yo-soy-tu-padre: El darme cuenta que, en el fondo, para poder mantener tal masa de público cautivo, el Anime tiene que tener algo especial que mantenga el interés de la audiencia.

No, en serio, piénsenlo un poco y se darán cuenta que algo de especial ha de haber por allí.

A que me refiero: Cualquier producto audiovisual, más aún con las tendencias actuales, está orientado a una vida corta y una alta tasa de mortalidad de audiencia. Normalmente se parte con un público enorme y se va perdiendo paulatinamente el interés, hasta que llega el punto en que las tasas de rating/primas por publicidad son tan bajas que no queda más alternativa que dar fin al proyecto. Lo vemos en nuestras novelas (que tienen tales tendencias consideradas para ocurrir en un lapso de unos 5 meses), lo vemos en la series de otros países… pero no lo vemos en el Anime.

Vuelta a explicarme un poco: No me refiero a las series planificadas bajo el slogan de “ojalá que salgan 13 capítulos y no nos corten antes”; Me refiero a las series de largo aliento…. laaaaargo aliento.

Me saldrán con los contraargumento de siempre: Que tienen una sólida trama de respaldo, que tienen una gran cantidad de frikis cautivos con la temática base, que el dibujo, que la música, que la animación, que la órbita lunar, que la paz mundial y yadayada, pero, ¿es tan así el asunto?.

El ejemplo por excelencia en cualquiera de estos casos es Dragon Ball: una serie que duró como 5000 capítulos, basado en un manga que duró un millón… de acuerdo, lo concedo, pero, ¿es hueá mía o DB tiene unos giros argumentales que matarían cualquier serie en nuestro medio?.

Entonces, ¿son esos giros la clave de la longevidad de una serie?… A pesar de lo que dice la mayoría, y con la de años viendo series a cuestas, creo que puedo decir que la popularidad de Naruto no se explica entonces bajo ese argumento. Si se dedican a pensar un poco y obvian los aderezos típicos puestos por la música, dibujo, buenos seiyuus y demases se darán cuenta que Naruto está construida bajo una premisa lineal típica de “pesonaje chanta pero con un poder oculto, que irá creciendo de forma progresiva salvando obstáculos gracias a su fuerza de voluntad más que a su habilidad”. ¿Que es entonces lo que permite que una serie como Naturo siga en pié?… ¿Trama?, ¿metatramas?, ¿arte?, ¿música? ¿conceptos nuevos?…

Mi respuesta sería un “todas las anteriores”… y ahí me encuentro con el emblema más significativo de todo el anime: Sazae-San.

Sazae-San es la serie de animación más longeva del mundo, partiendo su emisión el 5 de Octubre de 1969 (sí, es un poquito más vieja que Los Simpson) y continuando hasta el día de hoy… ¿le llevará su cuota de ninjas, niños mono, robocs interplatanarios, superhéroes y su pizca de sostén?… pues NO, Sazae-San es una comedia costumbrista, con un dibujo “horrible” (mejor dicho “no estilizado”) y con una trama tan sencilla como puede ser la vida de una chica normal que se casó, tuvo hijos, siguió su vida normal; todo esto, obviamente, ambientado en el momento cultural que pasaba japón al irse publicando cada episodio, pero jamás sin dejar de lado lo que nosotros llamamos “realidad”. Pasa por ser una comedia contingente, pero en ningún momento cae en los estereotipos inmediatos que uno imagina al pensar en una serie “exitosa” o “longeva”.

Entonces me digo “para mantener el interés es necesario apegarse a la realidad”… basta que termine esa frase en mi cabeza y de inmediato mi subconsciente me golpea con un martillo que tiene grabada dos palabras: One Piece.

Para los que no les gusta la serie, el argumento principal para escupir sobre ella que he escuchado siempre va apuntado a que “el dibujo es como las hueas” o “la trama es para pendejos”… Lo confieso, antes yo pertenecía a ese rebaño, pero un día ví la luz del profeta Eichiro Oda y desde entonces me dedico a buscar la fruta del genocidio… Ya, en serio, me puse a pensar que, si la serie tenía por ese entonces más de doscientos capítulos, fuerza era que no fuera tan mala. Así que me dije “Omnipotente majestuosa omnisapiencia del anime, vea usted los primeros 26 capítulos y luego juzgue si tal serie es digna de ser considerada suficientemente sacra de entrar en vuestra mente” (no me miren así, es que me quiero mucho).

Confieso también que no fue necesario llegar a tanto: En el capítulo 10 ya estaba irremediablemente prendado de la serie. Frescura, irreverencia, una pizca de locura del autor, historia, vivencias, pero por sobre todo AVENTURA (escrito con letras de neón en un cartel que se podía ver a kilómetros) arman una serie que (a pesar de ser infantiloide, con un dibujo extraño, una ambientación casi inimaginable y con situaciones sacadas de un libro de paradojas) hizo imposible no enamorarme de ella.

¡Bien!, ¡al fin logré la respuesta que buscaba!: Frescura… ¡mal!, otro martillazo en la mente…

Pasa que, si bien es cierto la mayoría de las otras series, de una u otra forma, huelen a “fresco”, sale a la palestra el caso de la franquicia Gundam, que, según creo, contiene todos los elementos más rancios que como civilización podemos producir… para no marearnos tanto, digamos que los temas de fondo evidentes (para este caso) son la corrupción, la política y la guerra.

En mi modesta opinión y a pesar de que algunos quieran lincharme, creo que la mayoría de las series que se llaman “algo Gundam” o “Gundam algo más” obedecen a una estructura base usada repetidamente hasta la saciedad, pero, aún así gustan a tal punto que se vuelven una especie de ícono de la cultura anime para el resto del mundo. Un conjunto de series tan evidentemente decadentes no debiese poder sostenerse sobre un largo tiempo, y sin embargo…

… Y sin embargo, al final, y después de pensar un poco, creo que la clave está en la diversidad… la principal causa de que existan estas y otras series es su capacidad de entretener a su público objetivo de más de una forma, el saber apuntar a tu público y quererlo como tal, sin desmerecer al resto pero tratándolos como tu joya más preciada, preocupándose siempre de agradar y de entregar un producto capaz de hacer volar un poquito la imaginación en un mundo cada vez más metálico y gris. Ninguna serie de veras exitosa cae totalmente en un arquetipo cuadrado, sino que siempre tiene más de un matiz suficientemente pronunciado para que la puedas incluir en otra categoría sin que ninguna de las dos se sienta incómoda… creo que, como dijeron por allí, “en la variedad está la diversión”.

… Eso y el hecho de que a nadie le moleste mayormente que mis gustos no sean los del resto vuelven al Anime un pasatiempo tan agradable.

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Otaku (así, con mayúsucla y a la antigua, sin histerias de por medio), computín y rolero. Amante hasta el hedonismo del buen Anime. Comenzó en el Anime antes de que la mayoría de los lectores del sitio fueran algo más que un pensamiento pecaminoso en la mente de sus padres. Como dijeron por ahí: "Nacer, morir... Anime entre ambas".